La infidelidad se inscribe en un marco cultural occidental y dentro de las relaciones amorosas monógamas. 


Representa esa satisfacción fantástica del deseo insatisfecho en la realidad, ahondando aún más en esa herida profunda en la estima del sujeto, en su narcisismo. En este sentido, la persona infiel actúa en modo huida.

La infidelidad deja de ser tal cuando el secreto se rompe, es decir, se desvela. En ese momento, la fantasía se desvanece, todo cae por su propio peso. El hechizo se ha roto. Ya nada vuelve a ser igual.

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